¿Cuándo vas a venir otra vez por aquí? Cuando gire el poniente en tu cuello. Tú tenías que hacer lo que había que hacer pero el mundo nunca era un pañuelo
Te vigilé las horas del viaje más largo Como si fueras a llevarte la luna debajo del brazo.
Caminando hacia el puerto de Santa María, Con tus piernas ardiendo en el salpicadero. Yo tampoco te dije que no lo sabía Pero tú me seguias el juego
Te vigilé las horas del viaje más largo Como si fueras a llevarte la luna debajo del brazo
Lo tuvimos tan cerca que nunca lo vimos lo perdimos tan fácil que valió la pena y ahora quiero llamarte por teléfono decirte que aunque no me diera cuenta en aquel momento Aquello fue importante para mí
¿Cuándo vas a venir otra vez a Madrid? ¿Cuándo vas a venir otra vez por aquí?
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Mario Benedetti
Hombre que mira la luna
Es decir la miraba porque ella se ocultó tras el biombo de nubes y todo porque muchos amantes de este mundo le dieron sutilmente el olivo
con su brillo reticente la luna durante siglos consiguió transformar el vientre amor en garufa cursilínea la injusticia terrestre en dolor lapizlázuli
cuando los amantes ricos la miraban desde sus tedios y sus pabellones satelizaba de lo lindo y oía que la luna era un fenómeno cultural
pero si los amantes pobres la contemplaban desde su ansiedad o desde sus hambrunas entonces la menguante entornaba los ojos porque tanta miseria no era para ella
hasta que una noche casualmente de luna con murciélagos suaves con fantasmas y todo esos amantes pobres se miraron a dúo dijeron no va más al carajo selene
se fueron a su cama de sábanas gastadas con acre olor a sexo deslunado su camanido de crujiente vaivén
y libres para siempre de la luna lunática fornicaron al fin como dios manda o mejor dicho como dios sugiere.
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"Incluso cuando había desaparecido seguía sintiendo sangrar mi corazón, ya que no era posible desatar los lazos". Munch
Nació en una caravana de gitanos. Pasó sus primeros años en los caminos de Bélgica, acompañado con el banjo los bailes de un oso y una cabra.
Tenía dieciocho años cuando su carreta se incendió. Quedó más muerto que vivo. Perdió una pierna. Perdió una mano. Adiós al camino, adiós a la música, dijeron los médicos. Pero recuperó la pierna, cuando se la iban a amputar, y de la mano perdida consiguió salvar dos dedos.
Y con eso le alcanzó para convertirse en uno de lo mejores guitarristas de toda la historia del jazz.
Había un pacto secreto entre Django Reinhardt y su guitarra.
Para que él la tocara, ella de daba los dedos que le faltaban.